Por qué pierdes a tu mejor talento

Cuando el sistema premia lo visible y se olvida de lo esencial.

Solemos pensar que las organizaciones son correctas. Que si trabajas duro, entregas resultados y mantienes la máquina funcionando en silencio, alguien lo notará. Construimos marcos de rendimiento, niveles y OKRs como si la excelencia pudiera capturarse en una hoja de cálculo.

Pero lo más esencial suele ser lo menos visible. Las personas que previenen incendios no reciben crédito por salvarnos del caos. Quienes cargan con el peso en silencio rara vez aparecen en las diapositivas entre los best performers. Y para cuando nos damos cuenta de su valor, ya se han ido.

Toda organización tiene personas así. Trabajan entre los hilos, entre varios ladders, fuera de la matriz de rendimiento.

Quizás no alcancen el nivel 5 porque están operando, al mismo tiempo, entre el nivel 3 y el 7. Analizan procesos mientras hacen mentorship a perfiles juniors. Responden dudas de clientes por email mientras optimizan sistemas core internos. No puedes incluirlos en un ranking porque lo que hacen nadie lo mide.

Por eso, las evaluaciones de desempeño los penalizan. Puede que no tengan scope porque resuelven problemas antes de que se conviertan en proyectos. Puede que no los identifiques como líderes porque lideran haciendo, no anunciando. Sin impacto, porque prevenir incendios no genera OKRs.

Cuando llega el momento en que piden reconocimiento, ya los has perdido. Esa petición no es una solicitud: es la confirmación de que fallaste el test.

Los best performers esperan que su trabajo sea visto antes de tener que mostrarlo. Cuando se ven forzados a poner en evidencia lo que han hecho, algo fundamental se rompe. Descubren que el sistema premia el espectáculo del desempeño en vez del desempeño real.

Intentas construir matrices de performance justas para todos. Lo que acabas logrando es premiar sistemáticamente la mediocridad visible sobre la excelencia invisible.

Cuando se van, necesitas dos personas para cubrir lo que hacían en silencio. Descubres desarrollos e infraestructuras que nadie conocía. Procesos documentados a medianoche. Workflows que parecen mantenerse solos (pero “solos” no era…).

Cada builder silencioso que observa aprende que ser esencial no importa si no haces ruido.

El reconocimiento no es un foco de luz. Es ver a la persona, no solo lo que produce. Es darle participación antes de que la pida. Es ofrecerle títulos que no encajan en tu matriz. O simplemente preguntarle por su padre en lugar de por la siguiente entrega. Tu trabajo no es asignarle un nivel. Tu trabajo es verlo a tiempo, antes de que deje de creer que ser visto importa.

La próxima vez que notes a alguien dando un extra-mile fuera de horas laborales, no revises primero el trabajo. Revisa a la persona. Porque quienes trabajan en silencio no se van enfadados. Se van cuando descubren que solo mides lo ruidoso, nunca lo esencial.


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